¿Quién puede decir que la única belleza de atractivo turístico de la selva misionera la conforman las Cataratas del Iguazú? Obviamente, quien no haya tenido la oportunidad de ir más allá, obnubilado por la impetuosidad de esa obra impecable de la naturaleza, declarada una de las siete maravillas del mundo. Pues bien, es necesario que se sepa que hay mucho más, con menos prensa, sí, pero tan bello y necesario como las soñadas reinas del Parque Nacional de Iguazú. Existen otras rutas turísticas asombrosas que acercan al viajero nativo o turista a la naturaleza más agreste de la selva misionera.


Más de cien saltos de agua distribuidos a lo largo y ancho de la provincia, y, a diferencia de lo que ocurre en el Parque Nacional Iguazú, la experiencia de recorrerlos permite un contacto directo.

Dentro de la Reserva de Biósfera Yabotí, con una extensión de 253.000 hectáreas, se disfruta de senderos, cascadas naturales, arroyos y una piscina rodeada de árboles y plantas nativas. Ríos y arroyos forman saltos a lo largo de su recorrido, cursos de agua que muchas veces nacen en ríos secundarios al Paraná o al Uruguay y se alimentan de las abundantes lluvias que tiene la provincia.

Practicar deportes de aventura y vivir experiencias en contacto con la naturaleza son algunas de las actividades claves para disfrutar de los maravillosos Saltos del Moconá y sus inmediaciones. El Parque Provincial Moconá se encuentra dentro de la Reserva de la Biosfera Yabotí (“tortuga” en guaraní), en la región centro este de Misiones, en el Municipio de San Pedro, ocupando una superficie aproximada de 253.773 hectáreas.

En el corazón del parque, los Saltos del Moconá conforman un espectáculo único en el mundo, producto de una falla geológica sobre el río Uruguay, entre las desembocaduras de los arroyos Pepirí Guazú y Yabotí (del lado Argentino), y los ríos brasileños Serapiao y Calixto. El visitante comienza a disfrutar de la naturaleza desde que inicia el trayecto de ruta que une El Soberbio con el Parque Provincial Moconá, accediendo a miradores con espectaculares vistas, en particular el que se encuentra sobre el río Uruguay.

Otra de las alternativas es adentrarse en la naturaleza. Dentro de las casi 1.000 hectáreas destinadas al Parque, es posible divisar variadas especies de flora y fauna (900 especies de mariposas, por ejemplo). Recorrer los senderos y picadas permite descubrir a cada paso, cómo conviven armoniosamente una espesa vegetación, con abundante presencia de helechos arborescentes, matas de tacuara y añosos árboles. Se encuentran también variedades de aves, mamíferos, peces y anfibios, en un espacio convertido en uno de los últimos refugios para la fauna representada por las grandes aves de la selva y los grandes mamíferos, como el yaguareté, que está monitoreado.

Fuente: www.luz.perfil.com

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